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Algunos gestos litúrgicos




La señal de la Cruz
Es como un sello de Cristo, una profesión de fe. También se usa para bendecir personas y cosas.
Se alza la mano derecha, con los dedos juntos, desde la frente hasta el pecho, justo encima donde descansa la mano izquierda (En el nombre del Padre y del Hijo);
después, la mano derecha va desde el hombro izquierdo al hombro derecho (y del espiritu Santo)
Escribe Joseph Ratzinger en El espíritu de la liturgia: La cruz se ha convertido en signo universal de la presencia de Dios (...). La liturgia cristiana es precisamente por esto, liturgia cósmica, por el hecho de que dobla sus rodillas delante del Señor crucificado y ensalzado. El gesto humilde con el que caemos a los pies del Señor, nos inserta en el verdadero camino de la vida, en armonía con todo el cosmos .

Los golpes de pecho
Es signo de arrepentimiento por los pecados y signo de humildad
Ojos levantados al Cielo
Es signo de súplica confiada a Dios Padre.
Imposición de ceniza
Es signo de humildad y arrepentimiento.
Imposición de manos
Es signo de una acción sobrenatural por parte de Dios.
Manos elevadas y extendidas
Es signo del alma que espera ayuda del Cielo.
Manos que dan la paz
Es signo de paz, frente al puño cerrado, que es signo de lucha.



Josep Ratzinger, El Espíritu de la liturgia
Tu nombre será una bendición había dicho Dios a Abrahán al principio de la historia de la salvación. En Cristo, hijo de Abrahán, se cumple esta palabra en su plenitud.
Él es una bendición, para toda la creación y para todos los hombres.
La cruz, que es su señal en el cielo y en la tierra, tenía que convertirse, por ello, en el gesto de bendición propiamente cristiano.
Hacemos la señal de la cruz sobre nosotros mismos y entramos, de este modo, en el poder de bendición de Jesucristo.
Hacemos la señal de la cruz sobre las personas a las que deseamos la bendición.
Hacemos la señal de la cruz también sobre las cosas que nos acompañan en la vida y que queremos recibir nuevamente de la mano de Dios. Mediante la cruz podemos bendecirnos los unos a los otros.
Personalmente, jamás olvidaré con qué devoción y con qué recogimiento interior mi padre y mi madre nos santiguaban, de pequeños, con el agua bendita.
Nos hacían la señal de la cruz en la frente, en la boca, en el pecho, cuando teníamos que partir, sobre todo si se trataba de una ausencia particularmente larga.






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Josep Ratzinger, El espíritu de la liturgia, ed. Cristiandad
El estar de pie es el gesto del vencedor. Jesús está de pie en la presencia del Padre, está de pie porque ha vencido a la muerte y al poder del mal. Al final de la batalla es el que permanece erguido, el que permamece en pie.
(...) Al estar de pie nos sabemos unidos a la victoria de Cristo; y cuando escuchamos en pie el Evangelio, lo hacemos con expresión de respeto: delante de esta palabra no podemos permanecer sentados: es una palabra que nos eleva hacia lo alto. Exige respeto y al mismo tiempo valor, la voluntad de ponerse en camino para seguir su llamada, para hacerla penetrar en nuestra vida y en el mundo.
De pie
Es la postura de la oración solemne y también la actitud del que está dispuesto a obedecer enseguida. En las pinturas de las catacumbas se comprueba que los primeros cristianos usaron esta actitud.
Significa la libertad de los hijos de Dios, liberados del pecado.


Por eso los fieles están de pie durante gran parte de la Misa, que es una oración solemne a nuestro Padre Dios; y también durante la lectura del Evangelio, expresando que desean poner por obra lo que están escuchando.

Joseph Ratzinger, El espíritu de la liturgia
Existen ambientes, no poco influyentes, que intentan convencernos de que no hay necesidad de arrodillarse.
Dicen que es un gesto que no se adapta a nuestra cultura (pero ¿cuál se adapta?); no es conveniente para el hombre maduro, que va al encuentro de Dios y se presenta erguido. (...)
Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquel ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario.
Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central.


De rodillas
Adoración al Santísimo. Santiago de Chile

Es actitud de carácter penitencial.
Es signo de humildad y arrepentimiento.
En la piedad occidental es signo de adoración
Por esa razón se introdujo la costumbre de ponerse de rodillas durante la Consagración, al recibir la Comunión y la Exposición del Santísimo.

Joseph Ratzinger, El espíritu de la liturgia
Existen ambientes, no poco influyentes, que intentan convencernos de que no hay necesidad de arrodillarse.
Dicen que es un gesto que no se adapta a nuestra cultura (pero ¿cuál se adapta?); no es conveniente para el hombre maduro, que va al encuentro de Dios y se presenta erguido. (...)
Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquel ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario.
Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central.


Sentados

Es la actitud del maestro que enseña o del jefe que preside con autoridad. Eso explica que el obispo tenga una cátedra, desde la que preside y enseña.
Es la actitud también de escucha por parte de los fieles, que están sentados en las lecturas previas al Evangelio, en la homilía y en la ceremonia de las ofrendas.

Inclinación
Es la actitud del sacerdote al recitar ciertas oraciones y de los fieles al recibir la bendición del sacerdote.
Es signo de veneración, respeto y humildad.
Tiene una variante, que es la genuflexión, practicada en Occidente desde el siglo XVI. El sacerdote hace una genuflexión al elevar la Sagrada Hostia, después de elevar el Cáliz y antes de comulgar; para la Santa Cruz, en el Viernes Santo; tradicionalmente, ante una reliquia de la Santa Cruz expuesta para la veneración.
Cuando el Sagrario contiene el Santísimo se hace genuflexión cuando se pasa delante de él, tanto el celebrante como el diácono, los ayudantes, los lectores, etc. Es signo de respeto y adoración. Una inclinación de cuerpo o de cabeza no sustituye a esta genuflexión, salvo en el caso de las personas incapacitadas físicamente.
No hacen genuflexión sin embargo, los ayudantes cuando llevan el incensario, la cruz, las velas, etc.; o el diácono cuando lleva el Evangeliario.

Postración
Ordenación sacerdotal en África
La postración de todo el cuerpo es signo de total donación personal a Dios.
Es un signo de humildad y penitencia que aparece con frecuencia en la Biblia.
Se reserva a los que los que reciben una consagración definitiva de manos del obispo; a los ordenados in sacris, a los diáconos, las vírgenes y los abades; y al sacerdote y al diácono al comienzo de la solemne acción litúrgica del Viernes Santo.
 
Procesión
Procesión en Amsterdam, Holanda
Simboliza el carácter peregrinante de la Iglesia.
El sacerdote va en procesión al comienzo de la Santa Misa, los fieles cuando comulgan y presentan las ofrendas. Y en fiestas como el Domingo de Ramos o el Corpus Christi hay procesión dentro del templo.
También hay procesiones fuera del templo, por ejemplo en la fiesta de Corpus Christi, como se ve en la fotografía






Actitudes litúrgicas más importantes


El beso litúrgico
El diácono, los concelebrantes y el celebrante besan el altar al inicio de la misa porque es el signo permanente de Jesucristo entre su pueblo, y al final de la Misa el celebrante y el diácono lo vuelven a besar y los concelebrantes hacen una inclinación hacia el altar
El diácono o el sacerdote que lee el Evangelio besa el Evangeliario al terminar la lectura.
El celebrante, los clérigos, los ayudantes y parte de los laicos besan la Cruz que se venera el Viernes Santo .


¿Y la postura meditativa oriental?
En la postura meditativa oriental las cosas ocurren de otra manera. El hombre mira hacia el interior de sí mismo. No se aleja de sí mismo para salir al encuentro del otro, sino que pretende introducirse en su interioridad, en la Nada, que es, al mismo tiempo, el Todo.
(...) Por muy abierta que esté y deba estar la fe a la sabiduría de Asia, es evidente la diferencia entre la concepción personal y la impersonal de Dios.
Y desde esta perspectiva hay que decir que arrodillarse y estar de pie son posturas de la oración propiamente cristiana, a través de las cuales expresamos que miramos el rostro de Dios, a la mirada de Jesucristo: viéndolo a Él podemos ver al Padre.
Joseph Ratzinger, El espíritu de la liturgia



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