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Un día en la vida de Jesús


¿En qué ocupaba el tiempo Jesús en la etapa de su vida pública?. ¿Cuál era la actividad que desarrollaba a lo largo de una jornada?. Sin duda ninguna la vida de Jesús en el pueblo de Nazaret, donde vivió hasta los 30 años, estaba dominada por la rutina: los mismos temas de conversación, los mismos juegos, los mismos problemas, los mismos rostros. Cambiaron las cosas, cuando se dedicó a la vida pública. Entonces surgían frecuentemente sorpresas y novedades.

El evangelio de este domingo nos muestra cómo, en qué ocupaba Jesús las 24 horas de un día. En primer lugar reservaba un tiempo amplio a la oración, la cual le gustaba hacerla en soledad, en descampado. Como confesó en otra ocasión, hablando de la oración, “cuando vayas a orar entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido”.
Dedicaba largo tiempo a la plegaria: bien sea a la mañana, muy de madrugada o bien a la noche, hasta muy avanzada la noche. En estos ratos hacía verdad el estilo de oración que predicaba Santa Teresa: Hablar con Dios como se habla con un amigo. Y Jesús hablaba con Dios como de Padre a Hijo. Con una intimidad superior a la de dos amigos.

A la mañana acudió a la sinagoga (la iglesia o templo de los judíos) acompañado de los apóstoles. A continuación curó a la suegra de Pedro, que estaba en cama. De tal manera se recuperó que les pudo preparar la comida. A la tarde, a la noche se le acercaban muchos enfermos para que los curara. Anota el evangelista que “se agolpaban a la puerta”. “Recorría toda Galilea predicando en la sinagoga y curando toda enfermedad y dolencia”. Varios especialistas en Biblia sostienen que a Jesús le preocupaba el sufrimiento de los más débiles, de tal manera que “la primera mirada de Jesús no se dirige hacia los pecadores que necesitan una llamada a la conversión, sino a los que sufren la enfermedad y anhelan más salud y más vida”.

Al observar cómo ocupa su tiempo, cómo y en qué trabaja durante una jornada, se concluye que Jesús era activo y contemplativo: las dos cosas, ya que se movía incansablemente y sacaba tiempo para dialogar con el Padre, para la oración; una oración sencilla, espontánea. Por otro lado demostró tener un corazón grande y una sensibilidad extraordinaria. Los evangelistas señalan que se “le conmovían las entrañas”.
Josetxu Canibe

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“UN DÍA EN LA VIDA DE JESÚS”
DESAYUNO ESPIRITUAL:




EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 22 ORDINARIO, 4 DE SEPTIEMBRE 2013-Lc 4 38 44: “UN DÍA EN LA VIDA DE JESÚS”. Los días de la vida de Jesús transcurren como cualquier día en la vida de nosotros. Muchísimas veces estamos hablando de que no podemos ser como Jesús, pues Jesús era Dios; y nosotros somos simples humanos. Sin embargo, Jesús vino a este mundo precisamente para decirnos, con su vida misma, cómo podíamos vivir cada uno de nuestros días. Una señora un día comentaba: “Yo no puedo vivir sin mi misa de cada día. El día que no voy a misa me siento tan débil, que a veces todo me sale mal sólo por eso. Jesús cumplía, como nos dice el Evangelio, con sus obligaciones del sábado. Jesús va a la sinagoga y ahí en la oración saca las fuerzas para después ir al trabajo.

ORAR Y TRABAJAR; Y TRABAJAR Y ORAR. Jesús hace lo que tiene que hacer con Papá Dios y después va al trabajo. Luego vuelve a la oración. Aplica el principio de orar y trabajar-trabajar y orar. En la Sinagoga aprovecha para hablarle a Dios de las cosas, hablar con Dios y hablarles a los hombres de las cosas de Dios. En los sábados no perdía ocasión de dejar claro esto. Por eso, la gente concluía que Jesús no era como los demás. Era Dios. Pero también era un verdadero hombre, íntegro de pies a cabeza, un hombre que tiene la cabeza en el cielo y los pies bien puestos en el suelo, un hombre que se entrega de lleno a lo que tiene que entregarse, un hombre que aprovecha cuando tiene que estar con Dios para hacer las cosas bien hechas. Por eso cuando ores --es la lección que nos da Jesús-- cuando estés con Dios trabaja; para que después, cuando trabajes, también hagas lo mismo: ores. Jesús era uno de los que, cuando oraba, buscaba trabajar, y buscaba los lugares solitarios. Y luego, cuando se ponía a trabajar, también ofrecía a su Padre lo que estaba haciendo.

LA CASA DE CAFARNAÚM Y SUS LECCIONES. Jesús sale de la Sinagoga y se va para la casa de Pedro. La suegra de Simón estaba con fiebre. ¡Hermoso el ambiente de la casa de Pedro, donde la suegra estaba siempre atenta a todas las necesidades de los apóstoles, y sobre todo de Jesús! Aquella era una casa maravillosa. Le encantaba a Jesús, no sólo porque tenía cerca el lago, sino porque tenía cerca toda la ciudad, donde predicaba, el lago de Cafarnaúm que contempló tantos milagros. Y en la casa de Pedro también ocurrieron muchos milagros. Jesús hizo como que no se había dado cuenta de la enfermedad de la suegra, porque prefiere que pidamos las cosas. Y Jesús no duda en curar a la suegra porque siempre en su mente busca traer alivio a cada una de las almas y alivio también corporal. Aquí podríamos preguntarnos por qué a veces no tenemos confianza en Dios para acudir y pedirle nuestras necesidades.

Me encanta lo que dice aquí San Lucas: la suegra se levantó enseguida y se puso a servirles. ¡Qué maravilla! ¡Tenía que ser mujer! Las mujeres verdaderamente son atentas, serviciales, dinámicas en su mayoría, agradecidas. Cuando tú recibes alguna gracia de Dios, ¿eres rápido y agradecido? Jesús curando a la suegra se gana la gratitud. Amor con amor se paga. Si amor con amor se paga, ¿por qué a veces nosotros no pagamos con amor? Porque no hemos entendido el mecanismo del amor, porque no estamos en la onda del amor. Ser agradecidos es de corazones nobles. Ser agradecidos es de corazones que tienen vida dentro de su corazón. El corazón cuando verdaderamente ora y está en la onda de Dios, entonces entiende también la onda de Dios, y responde a la onda de Dios como Dios sabe responder: con amor.

LOS HAMBRIENTOS VIENEN A JESÚS. Atardece y es sábado y enseguida aparecen los hambrientos. Los hambrientos siempre vienen a Jesús. Y Jesús empezó a curar a aquellos enfermos y a curarlos de todos sus enfermedades, inclusive arrojando demonios. Jesús cautivó el corazón de todos por su bondad, por su grande apertura de alma. No dejaba de estar entregado las 24 horas y todos los hambrientos acudían.

DEL TRABAJO A LA ORACIÓN. Pero también va cayendo la tarde y se hace noche. Al día siguiente tempranito, Jesús se fue a un lugar solitario, porque Jesús es como tú y yo: necesitamos después del trabajo volver a la oración, volver a encontrarnos con Dios, volver a oxigenar el alma, para seguir trabajando. Sin mi misa de cada día, como decía aquella señora, no podemos vivir la vida. Jesús era así: Un hombre como nosotros, Dios pero también un hombre, para enseñarnos a nosotros que hay que ir de la oración al trabajo y del trabajo a la oración, para volver a cargar las pilas y mantenernos en esa onda del amor. ¡Qué hermoso que Jesús nos dé ejemplo! Les invitó a todos a que seamos esos hombres, parecidos un poquito a Papá Dios en este sentido: mantenernos con la mente y el corazón en el cielo, pero con los pies bien puestos en el suelo. Les acompaño con mi oración. ¡Bendiciones mías y de Papá Dios! P. Salvador Gómez, L.C.
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